El precio que pagamos los fotógrafos

Esta es una reflexión de cómo el estar detrás de la cámara te separa de la experiencia vital y cómo ese sacrificio procura fotos con vida eterna

Mateo Salguero

2/16/20262 min read

Primer plano de las palabras de la novia a su esposo, hecha por un fotógrafo de bodas en Quito, Ecuador
Primer plano de las palabras de la novia a su esposo, hecha por un fotógrafo de bodas en Quito, Ecuador

Quienes somos fotógrafos disfrutamos de tomar fotos, vivimos nuestra vida detrás de una cámara, elegimos este camino. Al hacer esto sacrificamos la experiencia de estar presentes. Un pequeño precio por capturar un momento para la eternidad. La verdad no he leído ni he escuchado a nadie hablar de esto, pero ponerte detrás de una cámara te saca de la realidad y te pone en el papel de un espectador que verifica la luz, la composición, el color y que la escena sea llamativa. Te vuelve en un tercero imparcial de una realidad que deberías estar disfrutando.

Cuando salgo de paseo mi cámara no puede faltar, no es posible salir o hacer algo importante sin una foto que lo evidencie. Las implicaciones son varias, la primera es que, al ser la persona detrás del obturador, nunca salgo en las fotos, aunque se que estoy ahí, detrás de cámaras. El segundo aspecto es más filosófico; resulta que cuando te dedicas en ver que la foto esté bien dejas de ver al mundo como un lugar de sensaciones y pasar a verlo como un lienzo, de forma fría y centrada en la técnica. Ninguna de estas cosas es relevante para el trabajo profesional, porque nosotros estamos ahí para obtener memorias de la gente que nos contrata. No obstante, no solo hacemos fotos cuando trabajamos, mas bien las fotos son parte sustancial de nuestra vida.

Tengo toneladas de gigabytes correspondientes a archivos fotográficos en mi unidad de almacenamiento principal y en mi disco duro externo. Sin exagerar, no podrían saber el número de veces en que veo una foto que yo tomé y no logro recordar qué pasó ese día. De alguna manera al estar centrado en las fotos dejo de vivir lo que sucede. Es el precio que todos los fotógrafos pagamos, dejar de vivir, para que el recuerdo perdure.

He analizado hasta lo más profundo sobre la importancia de las fotos para la gente y me di cuenta de que no solo se trata de fotos, estamos hablando de la vida de las personas. Las fotos no son archivos compuestos por bits que se interpretan en color, luz y figuras; son fracciones existenciales de lo que alguien experimentó en algún momento en esta vida. Por eso cuando se daña nuestro celular y se borran todas las fotos, se siente como una pérdida terrible.

Después de hacer esa reflexión he llegado a la conclusión de que el trabajo de un fotógrafo de eventos, como es nuestro caso en Coshell Photography, es más importante de lo que aparenta. Puesto que nos dedicamos a garantizar que esos pedacitos de la vida de la gente perduren en el tiempo, y quién sabe por cuantos años. De hecho, tengo certeza que una foto bien guardada y conservada puede ser literalmente eterna. Imagínense que la foto que les tomé en su boda es conservada por todas las generaciones siguientes como si fuera un tesoro durante 500 años. Es realmente posible que esa foto viva más que nosotros, que nuestros hijos, que nuestros nietos y que nuestros tataranietos. Nosotros hacemos el sacrificio, dejamos de vivir para que ustedes vean su vida y que al mismo tiempo la puedan disfrutar, algo que quienes no tenemos un fotógrafo no podemos hacer.